El teatro está indefenso ante la violenta realidad. Vamos a transgredirlo. Vamos a manchar al teatro. Arrebatarle su esencia de ritual. Está prohibido apelar a la comunidad. Olvidemos el contexto social y temporal. Contemos una historia inconexa de ficción imposible. Escribamos un texto frío e inhumano. Esa dramaturgia será la bandera de nuestra rebelión sin sentido. No necesitamos uno. Somos teatreros privilegiados. Tenemos contactos y obtenemos becas. Podemos subir a un escenario y pretender que somos, que estamos, que nos importa.
Si compramos el espacio correcto, los espectadores vendrán solos. No necesitamos que entiendan un discurso ideológico; ni siquiera lo habrá. Podemos incluso subestimar su inteligencia. Haremos chistes y constructos pretensiosos. Crearemos personajes y diálogos desarticulados. El conflicto surgirá de la nada y para nadie. Y de paso cobraremos. No por lo que hacemos presente, sino por la ostentosa producción. Debe verse bien para tener valor. Hoy renunciamos a demoler la cuarta pared. Nuestro objetivo es el espectador ideal. "¡Compre nuestro producto - teatro, siéntese, finja entender, divertirse y adiós...!"

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