miércoles, 26 de agosto de 2009

Deluge, Pieta y otras deliciosas 'inconsistencias'...


El 16 de junio del 2009 asistí a una exposición interesantísima, de un autor muy original.
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"Delirios de la Razón" by David Lachapelle
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El elemento euforizante del inicio es el contraste entre el recinto Antiguo Colegio de San Ildefonso y las piezas que configuran la exposición. Debo confesar que la primera impresión que tuve al contemplar las fotografías fue el estar ante pinturas o creaciones digitales, pero me fui sumergiendo en ese audaz, loco, mágico, atrevido mundo que plantea el artista al dislocar la realidad superficialmente confrontada.

Actores, personalidades famosas y modelos, corresponden al cine, a la TV, al glamour de alfombras rojas, a la pasarela, en fin, a una imagen estilizada a través de vestuarios, accesorios, ambientes artificiosos; pero en esta muestra se descubre una estética opuesta. Hay artificialidad, sí, pero se plantea una realidad alterna más humana, o incluso en algunos casos un contraste grotesco, obtenido de extraer la imagen de estas personas de "su mundo" y enfrentarlas a un ambiente opuesto al que se desenvuelven (pero que podría ser más veraz que la imagen que suelen proyectar): podemos encontrarnos a Angelina Jolie sensual, pero insertada en un ambiente dulce, a un Marilyn Manson rodeado de niños, a una 'imagen blasfema' de Courtney Love enamorada y sufriendo su pérdida, entre otros... Pero más que una reivindicación humanizante de los personajes, se trata de una crítica socio-cultural a lo que vemos y lo que pasamos por alto, al valor exagerado que damos a la estética de personas/objetos/ambientes, sin profundizar en un análisis que le de justa dimensión a las cosas.



Y esta experiencia fue además una confrontación personal con un mundo consumista que igual devora revistas, programas, "actuación", imágenes, "música" e incluso intimidad de personajes ajenos poseedores de una vida diaria más digerible (precisamente por no ser la propia). El espectador y los medios convierten al sujeto en un producto, que se puede observar, criticar, "comprar". ¿Y qué pasa si después de todo también son humanos? Porque detrás de toda fachada hay un contenido que puede ser más de lo mismo o distinto por completo; una sustancia insospechada de fondo, que se expresa en un lenguaje menos superficial y que representa un concepto más complejo y completo; ó quizá no. Y es que también es cierto que los personajes mismos contribuyen en el proceso de compra-venta, ¿o será que de alguna manera todos somos y consumimos imagen?


De cualquier manera la exposición va más allá del 'antiglamour', de la imagen por sí misma; plantea una visión caótica y hace explotar los sentidos y pensamientos encaminados por un sendero fatalista, impactante y que sugiere un "y qué si todo acaba de repente? qué si todo deja de ser 'bello' como era? surge nueva belleza luego de la destrucción?", preguntas que cada quién ignora o responde a sí mismo, ya que todos podemos comentar, "bloffear", pero la respuesta más honesta hacia el arte es la interna.

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