Yo en estas fechas hace ocho años, y a sólo cinco días de haberte conocido, ya estaba perdidamente enamorada de ti. En realidad creo que me bastó verte para sospechar que iba a estarlo. Yo no sabía nada de ti ni de la vida y me era suficiente para amarte.
Nuestra historia fue breve y absurda; la cosa más dulce y amarga. Hoy sigo sin saber de ti, pero la vida me ha enseñado muchos caminos y me ha destruido inocencias. Hoy me gusta pensar que nos dimos para siempre algo hermoso: total libertad.
Ya no siento por ti lo de antes... pero te pienso... y aunque no te necesito ni te extraño, te escribo un Lunes a las 4 am, como si nada, como si todo, como si todavía fueras... No he vuelto a ser capaz de sentir como entonces -ni contigo ni con nadie-, y está bien, porque es mejor continuar mi camino sólo conmigo a mi lado. Igual hiciste bien en ignorarme; pareciera que es preciso no hacerme mucho caso para seguir adelante...
Casi siempre eres para mí un extraño, y sin embargo me sorprendo pensando "yo ya me perdí; ¿por qué no te pierdes tú también?..."

No hay comentarios:
Publicar un comentario